Cabezo d’Or
El término de “Cabezón de Oro” es una transliteración fonética castellana del término en valenciano Cabeçó d’Or. A pesar de lo que literalmente indicaría su nombre o de la antigua mina de hierro que existía en el lugar, el vocablo Or no hace referencia al mineral del oro, sino al agua. Existe una leyenda popular local, probablemente de origen mudéjar, en el que se ridiculiza la inteligencia de los conquistadores cristianos porque creen que hay oro en el lugar, cuando en realidad es agua. De hecho, en época del Al-Andalus los árabes mantuvieron el vocablo íbero “Ur” para denominar a esta sierra, que significa “Agua”, ya que en su interior fluía agua a través de las Cuevas de Canelobre. Aunque existen otras leyendas más románticas, que ante la certeza que nunca conoceremos con seguridad, y puestos a elegir, prefiero creer. Se cuenta que el nombre de esta sierra se debe al color entre rojizo y dorado que adopta en los atardeceres al ser bañada por la luz de las últimas horas del día. E incluso, que en tiempos de dominio musulmán, un árabe escondió sus riquezas en un lugar secreto que tan solo él conocía, para protegerlo de los bandidos. Sin embargo, como en todas las historias de este tipo, el azar es caprichoso y tras una muerte inesperada el secreto de la ubicación de las riquezas quedó perdido para siempre, y la leyenda creció desde entonces de boca en boca hasta nuestros días, sin que nadie jamás lo haya encontrado. Lo cierto es que a nosotros, oro o agua, lo que realmente nos importaba era realizar la última ruta senderista de la temporada con el ambiente festivo de siempre. Y así lo hicimos. La ruta se realizó sin problemas y subimos a los 1.210 metros que coronan este pico en un tiempo record comparada con otras rutas anteriores. La bajada se realizó también sin ningún problema y antes de darnos cuenta nos encontrábamos comiendo refugiados de un tremendo aguacero que nos cayó pocos minutos después de terminar la ruta y que de habernos sorprendido algo más arriba nos abría puesto en serios problemas. Sin embargo la suerte estuvo de nuestro lado y todo quedó en esperar a que amainase con un cafetito en el restaurante donde nos encontrábamos.
Volveremos sin duda y ¿quién sabe? Quizá la suerte vuelva a aliarse con nosotros y tal vez algún día pueda contaros con seguridad cual es verdadero origen de la leyenda del Cabezo d’Or







